01/11/2007

Gustavo Rivero, viñatero

"La brecha entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor es cada vez mas grande"

Es productor viñatero y elaborador de vinos caseros en El Plumero, Lavalle. Con su torrontés riojano ?Surcos de Vida? se adjudicó el ?Racimo de Oro? (primer premio) entre los vinos blancos que participaron del Concurso de Vinos Caseros de la Zona Norte, instituido por la Comuna departamental hace cinco años. Pero Gustavo Rivero es, ante todo, viñatero. Dice que frente a las grandes inversiones vitivinícolas, el productor sigue siendo pobre.




-Lo suyo es un emprendimiento personal-familiar?

-Trabajamos mi madre y yo, y en parte mi esposa, sobre una propiedad de 12 hectáreas, de las cuales tenemos once con viñedos y una con alfalfa. El viñedo de donde saco la uva con la que hicimos el vino premiado es del año ’74. Otros son más viejos.

-¿Ustedes “hicieron” la finca?

-Cuando mi papá vino acá esto era campo. Y eso lo desmontaron a pico y hacha; nivelaron con caballos; pusieron primero alfalfa. Después fueron plantando los viñedos de a poco, a medida que se podía. Por eso la diferencia de edad entre unos y otros.

-¿Cuesta llevar adelante una explotación como emprendimiento familiar?


-Y, sí. Sobre todo por la zona donde estamos, que ha sido muy castigada por la piedra. Hemos tenido que ponerle el hombro y agudizar el ingenio para reducir costos. Por momentos tenemos gente trabajando, sobre todo en las épocas donde se necesita más mano de obra. Si no, tratamos de hacerlo nosotros.

-¿Cómo se sobrevive en esas épocas cuando el castigo es tan fuerte?

-Y, haciendo huerta familiar. Con el trabajo en la finca a veces nos han ayudado familiares y algunos amigos. Han venido a darnos una mano en los momentos más difíciles.

-¿Desde cuándo están elaborando con propósito comercial?

-Nosotros venimos vendiendo vino desde hace unos veinte años. Pero en los últimos, con los concursos, esto ha tenido más auge. De todos modos, la elaboración no es mi actividad principal. La actividad principal es agrícola, soy socio de una cooperativa vitivinícola asociada a Fecovita.

-¿Qué ha cambiado en el último tiempo para los productores de vino casero?

- Para nosotros, lo más importante fue poder vender en botella, con mayor valor agregado. Yo, antes de entrar el agrupo, vendía en damajuana. La situación cambió desde hace cinco años, cuando se empezaron a formar los grupos por iniciativa del Municipio.

-Ahora los caseros están dentro de las normas del INV.

-Sí. Tenemos nuestro número de elaborador, nuestra marca, nuestra etiqueta, el número de análisis de libre circulación. Hemos evolucionado, porque la verdad es que hasta ese momento, la venta era clandestina. Ahora hemos salido a promocionar en congresos y otros eventos. Y al estar en contacto con gente, con los compradores, ellos mismos nos van diciendo lo que necesitan, lo que les gustaría.

-¿Cómo qué, por ejemplo?.

-Y, a muchos no les gustan los vinos con muy alta graduación alcohólica y querían vinos más suaves, pequeños detalles del diseño de las etiquetas.

-¿Con qué uvas está haciendo su vino?

-El blanco lo hago con torrontés riojano... y hago tinto de tempranillo y de sangiovese. Aunque no nos permiten ponerlo en la etiqueta. Pero la mayoría hacemos varietales.

-¿Y con qué rendimiento promedio en el viñedo?

- El torrontés estuvo este año en unos 120 quintales por hectárea; el tempranillo en 150 y el sangioveses alrededor de 100 quintales por hectárea. Pero hay que tener en cuenta que veníamos de una piedra. Este año, probablemente la producción del viñedo sea mayor. Vamos a andar cerca de los 200 quintales por hectárea, en todas las variedades.

-¿Qué volumen está elaborando?

-De 1.500 a 2.000 litros. Hay productores que hacen más. De todos modos, para ser considerado artesanal hay un tope de 4.000 litros.

-¿Y cuánto les pueden llegar a pagar por estos vinos?


-Y, el premiado lo vendí a un comprador de Santa Fe, dos días después de recibir el premio, a $7 la botella. Esto nos ha permitido ver otra realidad, pensando que nuestra actividad es la de viticultores. Y es que al productor vitícola
ya sea el que está en una cooperativa o el que le vende a una bodegas, se le paga muy poco.

-Es como enfrentar las dos caras de una misma moneda...

-Exacto. A medida que crece el precio que cobran las bodegas, aumentan nuestras posibilidades de colocar los vinos caseros, pero no podemos elaborar más de 4.000 litros. La brecha entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor es cada vez más grande. Y eso pasa también en las cooperativas. En este caso, la cooperativa nuestra recibe lo mismo que recibe el productor. Acá la que hace el negocio es Fecovita. Ya compraron una bodega en San Juan y eso lo mantenemos los productores; pero seguimos siendo pobres.

Oscar González
Fuente: Esta nota fue publicada por el Suplemento Fincas, de Diario Los Andes.


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