11/10/2018

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El vino argentino necesita una política de Estado

Es una industria que genera alto valor agregado, marca país, exportaciones, retención de población en zonas rurales y multiplicación de empleo con actividades como el turismo.




Vaca Muerta es un concepto y una realidad conocida y celebrada por la gran mayoría de los argentinos por su enorme potencial económico. Pero también tenemos otros sectores -o “vacas muertas”- que aguardan ser definidos como estratégicos para explotar todo su potencial. Litio, INVAP y limones son sólo algunos de ellos. El vino argentino es otro. Es una industria que genera alto valor agregado, marca país, exportaciones, retención de población en zonas rurales y multiplicación de empleo con actividades como el turismo. Y aunque no sea conocido o celebrado por muchos, Argentina es la quinta productora mundial de vino.

Siempre innovador, el sector ha sabido transformarse produciendo vinos de gran calidad, premiados en el mundo entero. Sin embargo, nuestro consumo per cápita disminuyó de 100 litros en 1970 a 20 en la actualidad, sufriendo también los vaivenes macroeconómicos del país, que interrumpieron procesos de mejoras con la implantación de variedades de alta calidad como el malbec, y es así como desde comienzos de esta década que hemos desaprovechado las oportunidades que se nos presentaron, especialmente en el mercado global.

Viñedos en Mendoza.

Viñedos en Mendoza.

Mientras tanto, nuestros competidores del viejo y nuevo mundo han implementado sólidas políticas de estado tendientes a promocionar sus vinos. Lo hicieron sabiendo que, sin apoyo público, no podrían competir en sus mercados internos -claves para la competitividad externa- contra bebidas industriales que presentan mayor concentración y que detentan mayores recursos para la promoción desde los medios de comunicación hasta en sus camiones de reparto.

En Argentina nos faltó desarrollar una política de estado que explote todo el potencial de nuestro vino. Por ello, somos el país vitivinícola líder que menos diferencia de impuestos internos entre el vino y las bebidas alcohólicas, y también gravamos fuertemente al vino espumante -impuesto suspendido anualmente por decreto-.

Tampoco contamos con el apoyo necesario para la promoción internacional, ámbito en donde el resto de los países productores invierten entre U$S 20 y U$S 200 millones por año. Por otro lado, nuestro país necesita tratados de libre comercio, ya que sin ellos no podemos competir en mercados como la Unión Europea, México y China. Por ejemplo, y por carecer de estos acuerdos, un vino argentino llega un 18% más caro que uno chileno a las góndolas del gigante asiático.

A pesar de todas estas dificultades, el impacto social y económico que genera hoy nuestra vitivinicultura es inigualable: 225 mil hectáreas de viñedos en 14 provincias, 17 mil productores, 800 bodegas, 480 empresas que exportan vino y 400 mil empleos.

Creemos que el vino, nuestra bebida nacional, necesita de una política de estado que procure su reconversión; que brinde recursos para la promoción del vino tanto en Argentina como en el exterior; que concrete tratados de libre comercio y que diferencie al vino en materia tributaria y regulatoria.

Retomando la senda de transformación y crecimiento podremos hacer del vino un sector estratégico para el posicionamiento internacional del país, su industria y el desarrollo económico, social y federal de la Argentina. 

Walter Bressia es enólogo y presidente de Bodegas de Argentina

Fuente: https://www.clarin.com/opinion/vino-argentino-necesita-politica_0_XcsyLEwPX.html


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