22/08/2017

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Más cerca del equilibro, bodegueros se esperanzan con un mejor escenario

Desde el Observatorio Vitivinícola advierten que la temporada 2018-2019 permitirá mejor planificación en el sector, porque se lograría stock técnico.




Año tras año vemos los vaivenes que se producen en la cadena vitivinícola que, por una u otra vía, ajustan la oferta y la demanda del producto final y que en cada caso implican un efecto sobre distintos actores de la cadena. 

Años con abundantes cosechas deprimen los precios de la uva y el mercado de traslados favoreciendo las condiciones para la comercialización y, como contrapunto, cuando la cosecha es baja se tonifican los precios de los eslabones inferiores (producción y traslado) y empeoran las condiciones de comercialización. 

Cuando esas situaciones de abundancia y escasez se alternan periódicamente, se van compensando "años buenos" y "años malos" para cada eslabón de la cadena. No obstante, la persistencia en una u otra de estas condiciones (escasez o abundancia de producción primaria) durante dos o tres temporadas, pone en riesgo la sustentabilidad de la cadena evaluada como un todo, sea por la baja rentabilidad de los viñedos o por la caída en el consumo por aumento de precios al consumidor final.

Lamentablemente, hoy la vitivinicultura atraviesa la segunda temporada con más baja producción de la que se tengan datos y eso le está significando pérdida de mercado por aumentos de precios. Estos altos valores, además de la inflación, están originados en la escasez de su principal insumo, la uva. 

En ocasiones, esa escasez es paliada por la existencia de stocks vínicos de períodos anteriores o, eventualmente, por la importación de graneles. En la actual temporada, dada la extremadamente baja cosecha de 2015 que consumió los stocks existentes, llevó a que a junio de 2017 se hayan importado unos 55 millones de litros de graneles provenientes de Chile. 

Según datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, la vitivinicultura de nuestro país ha venido vendiendo al mercado interno anualmente en el orden de los 1.000 millones de litros, valor que disminuyó durante 2016 y que se replicará hacia el cierre de 2017. Lo propio ocurre con las exportaciones que acumulan a junio de 2017 una caída en el orden del 18% en volumen y donde los productos más afectados son el vino a granel y el jugo de uva concentrado (ambos con disminuciones cercanas al 50%). Las exportaciones de vino fraccionado y en particular en botella son las menos afectadas.

Este comportamiento en la evolución del consumo y, desde luego, los precios, permite esbozar las condiciones de existencias que pueden verificarse hacia junio de 2018, mes en el que concluye la temporada en curso. 

Por una parte, dadas las caídas que vienen mostrando el consumo doméstico y las exportaciones, es posible restablecer lo que habitualmente se conoce como stock técnico que ronda los 400 millones de litros, incluso, dependiendo del desempeño de la demanda (interna y externa), exceder ese valor. 

Esta situación implicaría posicionarse frente a la temporada 2018-2019 en condiciones productivas e industriales más estables que permitirían una mejor planificación de la comercialización a futuro. 

¿Qué implicancias tiene esa situación más estable hacia adelante? Desde luego que estos "equilibrios" no resuelven la totalidad de la problemática de la cadena. Pero, como mencionamos, permiten una mejor planificación comercial desde la percepción de algunas certidumbres. 

En primer lugar, los precios de uvas y vino de traslado deberían ajustarse a las variaciones del resto de los precios de la economía, manteniendo los precios relativos. Una situación como esta es sana tanto para productores y trasladistas como para la comercialización, atento a que significa no trasladar a demanda sobre precios derivados de desequilibrios productivos. 

Un segundo aspecto se relaciona con las cantidades vendidas al mercado doméstico y externo. La vitivinicultura argentina debe restablecer su nivel de ventas a los 1.200 millones de litros de vino fraccionado (1.000 millones a mercado interno y 200 millones al mercado externo), volver a exportar 100 a 120 toneladas de mosto y exportar entre 80 a 100 millones de graneles. Estos valores mantienen los equilibrios respecto a la cantidad de hectáreas implantadas, su producción y valores de cosecha promedios. 

¿Es posible volver a esos valores en la próxima temporada? Como vimos, de acuerdo al desempeño que los mercados están teniendo y si se logran estabilizar los precios de la uva y del mercado de traslados, esto sería perfectamente alcanzable, dado que se lograría recomponer el stock técnico, existirían insumos suficientes para elaborar más jugo de uva concentrado y sostener al menos parte de lo que históricamente se exportó de vinos a granel.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/mas-cerca-del-equilibro-bodegueros-se-esperanzan-con-un-mejor-escenario


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Nivel de stocks

El stock total de vinos al 1 de julio de 2017 es de 1.600 millones de litros de vino aproximadamente, de los cuales 1.150 corresponde a tino y el resto a vino blanco. 

En un escenario de movimiento mensual -ventas de vino al mercado interno y externo, y vino que se usa como insumo en la elaboración de alcohol vínico, entro otros usos- de 105 millones de litros, esto es, manteniendo el ritmo de despacho mensual del año pasado, indica disponibilidad de vino para 16 meses aproximadamente.

Sabemos que el ciclo vitivinícola comienza con la liberación de los nuevos vinos por parte del INV, esto es, desde junio del año actual hasta fines de mayo del año siguiente, por el cual en 2017 llevamos transcurridos un mes (junio) del ciclo vitivinícola.

Entonces, si a los 16 meses de vino disponible actualmente le restamos lo que queda del ciclo productivo, es decir 11 meses, a fines del próximo año vitivinícola tendremos 4,5 meses de stock de vino.

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