15/06/2017

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El desembarco en Londres de los 100 mejores vinos argentinos

Un reputado enólogo y periodista británico cató uno por uno los vinos de calidad de exportación de las distintas regiones del país austral y los calificó con un puntaje a la altura del que tiene la élite del Viejo Mundo (Francia, Italia y España). Justo este año la casa real de Inglaterra lanzó a la venta la marca del primer espumante elaborado en Windsor.




En el mismo año en el que la reina Isabel II sacó su primera cosecha de vino espumoso, elaborado con uvas de sus propios viñedos, y en minutos vendió ‘online’ 3.000 botellas etiquetadas con la marca Windsor Great Park, el enólogo y periodista británico Tim Atkin organizaba en la residencia londinense del embajador Renato Carlos Sersale Di Cerisano “la mayor degustación de vinos argentinos que jamás haya habido en el Reino Unido”, según la calificó.

Pudo ser pura coincidencia con el acontecimiento que significó la incorporación real en la vitivinicultura británica. O tal vez fruto del sentido de la oportunidad que aplicó el influencer, avenido a ‘connaiseur’ de los vinos de las tierras australes y que escribe para ‘The World of Fine Wine e Imbibe’, para presentar la quinta edición del reporte anual Los 100 mejores vinos argentinos.

Como quiera que sea, representantes de las enotecas londinenses más relevantes, ‘sommeliers’ de restaurantes, distribuidores y medios especializados dieron especial relevancia a las tres ‘master classes’ organizadas en la casa del diplomático junto a ‘Wines of Argentina’.

Degustaron 87 de las 100 etiquetas de las 68 bodegas participantes del evento: la primera dedicada exclusivamente a los vinos blancos, la segunda a vinos icónicos y la siguiente a nueva Argentina.

Fue un envión inapreciable para el vino envasado ‘made in’ Argentina que viene disputando botella a botella con el sudafricano, la preferencia del potencial de 26 millones de británicos que lo consumen en pubs, bares y restaurantes.

Imágenes del evento de cata de vinos argentinos en Reino Unido.

El momento no pudo haber sido mejor

Las previsiones que constan en los informes de Vienxpo/IWSR auguran que el consumo de vinos en Inglaterra irá en aumento hasta 2018 cuando llegará a 24,5 litros por habitante.

La expansión estará determinada, en gran medida, por los espumantes (estimación de crecimiento del 12,2 por ciento) y una leve alza del consumo de vinos tranquilos (1,2 por ciento).

El ránking de proveedores es liderado por los españoles, seguidos por australianos, italianos, franceses, estadounidenses, sudafricanos, chilenos, neozelandeses, alemanes y recién después argentinos, pese a que vienen ganando presencia y prestigio en el mercado local: en 2016 se vendieron 28 millones de botellas por un total de 80 millones de dólares, y para este año se espera un crecimiento del 22%.

Afirmar la presencia en el mercado británico, que crece al 3%, tiene una especial significación para Argentina. En primer lugar porque junto con Japón habían sido las excepciones en la caída en las exportaciones de vinos de los últimos cinco años. En 2016 alcanzaron 757 millones de dólares, 14,8 millones menos que en 2015. Y en segundo lugar, porque, según Wine and Spirit Trade Association (WSTA), el Reino Unido, que marcha sexto entre los países más consumidores de vino, moviliza más de 2,3 millones de cajas por año, a razón de 20,2 litros por persona.

El master of wine británico rubricó la calidad de la oferta, ya que en la última edición de su relevamiento calificó por encima de los 95 puntos a los más de 1.300 vinos que catara en las distintas regiones vitivinícolas recorridas. La nota sitúa al país a la altura de la élite del Viejo Mundo (Francia, Italia y España).

Atkin valoró cada una de las uvas: del malbec, al que considera ya un vino de excelencia y referencia en el mercado británico, dijo “el mundo lo ama” y “hoy estamos viendo cada vez mejores malbecs”. Sobre los ‘terroirs’, aseguró que la frontera se corrió de los límites de Mendoza.

Calificó de excitantes los vinos de las provincias de Salta y Río Negro. “Argentina cada vez tiene mejores ‘blends’, ha mejorado en los vinos espumosos, el semillón ha renacido”, aseguró ante compradores provenientes de países nórdicos, Italia y España.

Lilyane Weston, de la Federación Internacional de Escritores Vitivinícolas (California), se mostró sorprendida por haber encontrado un chardonnay entre los vinos presentados. “Todos los blancos que probé no tienen diferencia alguna con los que podría encontrar en borgoña”, ponderó.

Replanteo vitivinícola

La vitivinicultura argentina asiste a un cambio en las condiciones de la demanda que la obligan a replantear el negocio. Los mostos y el granel vienen perdiendo posiciones ante la reticencia de tradicionales compradores, como Brasil y Estados Unidos, que hacían un aporte significativo a la balanza comercial del país. El País del Norte concentra el 37% de la exportación total.

Pero, por otro lado, aparecieron bodegas vernáculas que buscan especializarse como proveedoras del refinado paladar europeo, fiel consumidor de vinos de calidad.

Es el camino que recorre el enólogo británico Atkin con ‘Los 100 Mejores Vinos Argentinos’ que presentó la embajada argentina en el Reino Unido, en una avenida de doble mano que previamente trajo experiencias gastronómicas del Viejo Continente, como la de El Celler de Can Roca (el mejor restaurante del mundo en 2013 y 2015, según la prestigiosa revista inglesa ‘Restaurante’) en Girona, España, donde el vino y la cocina forman un todo inseparable. BBVA auspició ‘The Cooking Tour Experience’, que recaló en Buenos Aires en 2015.

Josep Roca, ‘somellier’ del Celler de Can Roca, durante su visita de prospección a Argentina.

La recompensa de sintonizar los vinos argentinos de excelencia con el más alto nivel ‘gourmet’ internacional resultó haber vendido cajas en Reino Unido a un promedio de 29 euros la unidad, cuando la reina Isabel II de Inglaterra viene de colocar el ‘pack’ de tres botellas del espumante extraído de sus viñedos a 85 euros.

Desde que se casaron con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, en 1947, la casa real adoptó para las grandes celebraciones los vinos de la zona francesa de Pomerol, vecina a Burdeos: empezaron por el ‘chateau’ Petrus en el banquete nupcial, en la Abadía de Westminster y 64 años después la pareja de monarcas eligió también de la misma comuna francesa un nuevo Claret para la boda de su nieto, el príncipe Guillermo.

Hasta cuando los príncipes de Gales, Carlos y Diana, contrajeron matrimonio, la etiqueta gala se siguió imponiendo en los brindis, a través de tres de las champañas más conocidas aún en la actualidad: Bollinger 1981, Krug 1969 y Dom Pérignon 1961.

Cumplidos en 2017 los 90 años, Isabel no sólo se convirtió en la primera monarca británica en cumplir el jubileo de zafiro, sino que se dio el gusto de concretar el caro anhelo de uno de sus antecesores en el trono hasta 1189, Enrique II, quien influido por su mezcla genética de padre francés y madre inglesa ya había mandado a plantar viñedos en Windsor.

De modo que la más antigua poseedora de la corona en la era victoriana entregó para la posteridad un digno espumante de sello inglés que entra a competir en un mercado exigente como el británico, que factura 114 millones de euros.

Se trata del mismo estanque en el que pretende pescar su compatriota Atkin con la cartilla de máxima calidad internacional del centenar de vinos argentinos que viene seleccionando desde hace cinco años.

Fuente: Por Rubén Chorny para bbva.com - https://www.bbva.com/es/desembarco-londres-100-mejores-vinos-argentinos/


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