11/08/2016

Problemas en la vitivinicultura a pesar del alto consumo de vino

La vitivinicultura argentina, una economía regional fuerte en siete provincias con 18.000 productores, 25.000 viñedos, 900 establecimientos, 2.000 millones de dólares de valor agregado y 115.000 puestos de trabajo directos, atraviesa una crisis.




A pesar de los problemas estructurales, el consumo de vino es alto dado que uno de cada dos argentinos mayores de 18 años toma esta bebida alcohólica habitualmente, según el diagnóstico encargado por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) junto a la unidad ejecutora de su proyecto para el Mercado Interno (Fondo Vitivinícola Mendoza).

El estudio presentado recientemente por la presidenta de COVIAR, Hilda Wilhelm de Vaieretti, y el consultor Guillermo Olivetto asegura que el vino es un producto de consumo masivo en el mercado argentino.

El vino penetra en cinco de cada diez hogares y el 75% de lo que se produce se vende en el mercado interno; en 6 millones de familias de la Argentina se consume vino al menos una vez por trimestre, y alcanza así a 14.600.000 personas (casi la mitad de la población mayor de 18 años).

Los hábitos de consumo de vino en la Argentina fueron sondeados por la Consultora W durante 2015, pero se estima que los datos están vigentes en el segundo semestre de 2016.

El consumo per cápita de vino en el mercado interno dejó de caer como lo venía haciendo hasta 2004, y se estabilizó en un valor cercano a los 25 litros anuales, y hoy la Argentina es uno de los 10 principales mercados internos del mundo.

Hoy lo consumen habitualmente uno de cada dos argentinos y lo compran uno de cada dos hogares al menos una vez por trimestre, lo que se considera un logro de todo el sector.

La campaña de publicidad genérica que se realizó en su momento operó como una autopista a la que se fueron sumando, muchas marcas de vino que volvieron a comunicar masivamente.

Según el diagnóstico articulado por Consultora W sobre la base de relevamientos realizados por consultoras internacionales y tras un debate del que participaron más de 60 bodegas, el vino comparte la lógica del consumo de las bebidas sin alcohol antes que las de sus principales competidores de las alcohólicas (cervezas y fernet).

Las bebidas dulces analcohólicas son su rival dentro del hogar, ya que se consumen en ocasiones clave con las comidas: allí se bebe el 83% del vino (81% junto con la comida y en compañía).

Si bien la cena ocupa el lugar de preferencia, el almuerzo no perdió su lugar de consumo. "Disfrute", "relax" y "premio" son las palabras que se asocian a una copa de vino.

En cuanto al género, del 51% de los consumidores habituales, el 61% son hombres y el 41% son mujeres. Es la bebida elegida por 41% de los jóvenes entre 18 y 25 años, por el 53% de los adultos jóvenes (26 a 35 años), el 49% de los adultos (36 a 49 años) y 58% de los adultos mayores (50 a 70 años).

Su penetración de consumo es similar en todas las clases sociales. Así el vino como producto está presente en los hogares sin distinción.

El vino tinto sigue siendo el elegido por el consumidor argentino por un 88%, ante un 23% que prefiere el blanco. Sólo un 3% elige el rosado. Un 47% lo toma solo pero hoy también se lo diluye: 29% elige el hielo; el 21%, la soda; el 12% la gaseosa y 4%, el jugo.

No obstante, las referencias gratificantes, esta semana también, en la ciudad de Mendoza, el gerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI) y vicepresidente de Coninagro, Carlos Iannizzotto, expuso en el marco de la reunión del Consejo Federal Agropecuario, la grave situación actual de la vitivinicultura y entregó un petitorio con las medidas que necesita el sector.

Durante la reunión, Iannizzotto, habló ante los secretarios nacionales Ricardo Negri y Santiago Hardie del Ministerio de Agroindustria y el subsecretario de Agricultura y Ganadería de Mendoza, Alfredo Aciar.

El encuentro se realizó en la bodega Los Toneles de Guaymallén de la provincia de Mendoza y entre las medidas solicitadas por ACOVI se pide "la revisión de las políticas en materia de energía eléctrica y del mecanismo de subsidio agrícola, ya que con los aumentos sorpresivos y de shock que se llevaron a cabo, éste quedó desactualizado, con una partida presupuestaria que no alcanza a beneficiar a todo el padrón de regantes agrícolas".

Quedó en claro que el sector necesita créditos, con tasas blandas y plazos acordes al ciclo productivo y a la actividad además de buscar una manera de abaratar los altos costos en materia de fletes por la distancia extensa a los puertos.

Fuente: Especial de NA, por Matilde Fierro 

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