18/08/2011

Opinión

El modelo asociativo de Uruguay

En la década del 90, cuando el sector vitivinícola uruguayo atravesaba una difícil situación, un grupo de bodegas decidió unirse y formar una cooperativa. Así nació Grupo Granjastar. Aquí, los detalles de esta experiencia de asociatividad.

Carina Rodríguez Odera
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En los primeros años de la década del '90, el escenario regional, con el advenimiento del MERCOSUR dejaba ver todas las carencias del sector vitivinícola uruguayo. Al momento de la firma del Tratado de Constitución del Mercado Común del Sur, por parte de los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que entró en vigor en noviembre de 1991, se consideraba que el sector uruguayo no tendría posibilidades de subsistencia en el marco del mismo, dadas las desventajas que tenía frente a los sectores de los restantes países vitivinícolas del MERCOSUR.

Según datos de INAVI, el número de las bodegas elaboradoras registró una disminución del 35% en el período 1990-2002 y se observaba una clara tendencia de salida de la industrialización de las unidades menores de medio millón de litros de elaboración.

Durante este período, un grupo de productores que venía participando activamente en un Grupo Crea desde 1988 veía como una posible solución, volcar la experiencia que había adquirido, para comenzar a trabajar en un proyecto que los ayudara a sobrevivir ante factores tan adversos.                                           

Un modelo asociativo

A comienzos de la década del 90 y en el seno del Grupo CREA Viticultores Canelones, se empezó a gestar lo que es hoy Grupo Granjastar. El camino hacia el objetivo no fue nada fácil, ya que además de ser un proyecto relativamente ambicioso, las experiencias que había en el país dentro del sector vitivinícola, no eran buenas.

Tres productores decidimos emprender el largo camino. Como primer paso, tratamos de trasmitir la idea a otros colegas y fue una de las tareas más difíciles, ya que éstos dudaban del éxito de este proyecto. En agosto de 1993 comenzamos a reunirnos en un club social de la zona para darle forma a la idea.

El 3 de marzo de 1997 y habiendo cumplido todas las formalidades, se iniciaron las actividades la empresa Granjastar S.A., con la habilitación por parte de INAVI para funcionar como grupo.

Hoy, Grupo Granjastar está integrado por productores de la zona rural de Canelón Chico, en el departamento de Canelones al sur de Uruguay, zona con un paisaje y tradición netamente vitivinícola.  Este grupo de personas que trabaja desde la tierra a la mesa para satisfacer a sus clientes, generando un vínculo basado en la confianza y honestidad; tiene como misión transformar los frutos de la vid en productos genuinos de alta calidad para un público exigente.

Sus socios destacan que la honestidad y la confianza han sido la base para comenzar el camino. Estábamos muy seguros de que debíamos explotar al máximo el potencial que teníamos en nuestros viñedos en proceso de reconversión.

El funcionamiento

Si bien desde el comienzo la figura legal del Grupo fue de una sociedad anónima, el funcionamiento interno tiene un perfil cooperativo. Las cooperativas de trabajo aparecen como una de las alternativas más viables para responder al desafío de generar empleo. Pero su valor no sólo radica en ser fuente para la creación de empleo, sino también en el hecho de que funcionan como un entramado, porque conforman una red de relaciones y vínculos que rescatan a las personas del aislamiento al compartir tareas, sentimientos, normas y valores. También es una envoltura que actúa como barrera de protección para los que pertenecen a la misma.

En Grupo Granjastar, la participación accionaria depende de dos variables fundamentales: ingreso de vino y ventas mensuales. Por tanto, en ese sentido, los socios no están en un plano de igualdad. Sin perjuicio de ello, la estructura organizativa prevé un órgano de decisión superior y permanente integrado por los propios socios, desde donde se resuelven los aspectos estratégicos de la empresa y todos están en plano de igualdad.

Este órgano tiene una coordinación externa (contratada), lo que permite una mirada neutral por encima de los intereses individuales y con poder de resolución en todos los aspectos operativos, que están a su cargo. Así se busca obtener el mejor equilibrio entre los tiempos administrativos y operativos y el proceso de la toma de decisiones.

Los integrantes del Grupo consideran que este aspecto es una de las claves para el éxito y la continuidad de la empresa.

Carina Rodríguez Odera
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Un balance positivo

Hasta aquí, los rasgos que han prevalecido son los de un modelo meramente asociativo. Hemos pasado por diferentes etapas y compromisos hasta llegar a volcar la totalidad de la producción de cada uno de los socios al proyecto, logrando trabajar bajo una misma marca en la comercialización de los vinos.

Por eso, se sumó al proyecto, un socio estratégico, que al inicio del Grupo, se dedicaba a la distribución de vinos en el departamento de Montevideo.  La alianza estratégica se dio por la siguiente ecuación: los socios productores tienen asegurada la colocación total de lo que producen ya que cuentan dentro del Grupo, con el  principal canal de distribución. En tanto, el distribuidor tiene garantizada la producción y elaboración de vinos de excelente calidad.

Con este panorama, al desafío al que hoy nos enfrentamos es el de sumar nuevos integrantes al proyecto para seguir creciendo.

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