01/04/2009

Entrevista a Alberto Cecchin

"Aprovechamos la fuerza cósmica para lograr equilibrio entre suelo, vid y vino"

Nació en Maipú, en el límite entre Russell y Cruz de Piedra, en la propiedad que compraron los hermanos Jorge (su abuelo, de 85 años) y Pedro Cecchin, en 1959. La tradición familiar impuso el cultivo de viñedos y la elaboración de vinos sin utilizar químicos. Pero no sólo eso. Marcó el camino que lo llevaría a elegir el naturismo como modo de vida.




Esa condición signaría finalmente la impronta de una empresa familiar que hoy abre sus espacios a quienes estén dispuestos a conocer el mundo de la vid y el vino con una mirada no convencional.

A contraluz del sol que se apaga en la tarde maipucina, Alberto Cecchin (que lleva adelante la empresa con su hermano Ricardo) se apasiona explicando a los visitantes que "tenemos pocas horas para cosechar" las uvas y aprovechar el principio de la biodinamia, como un valor adicional a la condición orgánica de su producción.

 El anfitrión deja abierta así una nueva propuesta de enoturismo ("Romance") cuyo eje es la cosecha nocturna e incluye una visita guiada por el viñedo, al atardecer, y un agasajo con productos tradicionales y música.

-¿Cómo debe entenderse el principio de la biodinamia?

-Aplicado a nuestra actividad consiste -entre otros factores- en ajustar las labores a los ritmos de la luna, del sol, de los planetas y su relación entre ellos. Aprovechamos las fuerzas cósmicas para lograr equilibrio entre suelo, vid y vino.

En el caso de la cosecha, se trata de aprovechar el momento en que la savia va hacia el fruto, llevando la mejor expresión de la planta. Si nos pasamos de ese momento biodinámico, si cosechamos al otro día por ejemplo, fuera de esta instancia, la savia ya comenzó a bajar y el fruto cosechado no tendrá lo mismo para ofrecer.

-¿Cómo nació la iniciativa de trabajar con una diferenciación tan particular del producto?

-En realidad llegó con mi bisabuelo, que vino de Italia (del Venetto) a comienzos del siglo pasado, durante la Primera Guerra Mundial. El siempre estuvo relacionados con la vitivinicultura; produciendo uva y elaborando vino sin utilizar químicos.

-¿En qué momento comenzaron a aplicar el principio de producción orgánica y de la biodinamia en el negocio vitivinícola?

-Siempre trabajamos de esta manera, desde 1959; pero comenzamos a certificar orgánicos en el 2001 y en el 2005 iniciamos la exportación de vinos orgánicos. Hoy, toda la producción de uvas y de vinos está certificada como orgánica.

-¿Qué superficie tienen implantada con viñedos?

-Alrededor de la bodega tenemos 11 hectáreas en producción, con Malbec y Cabernet; en 1976 compramos una finca de 16 hectáreas en Ugarteche (Luján de Cuyo), donde hay variedades Syrah, Merlot, Carignan, Graciana y desde el '89 tenemos otra propiedad en Junín -de 47 hectáreas- con Syrah, Malbec, Cabernet, Merlot, Moscatel de Alejandría y uvas criollas que son las que utilizamos para hacer jugo de uva concentrado para exportación.

-¿Han certificado también como producción biodinámica, si es que hay un protocolo?

-Hay un protocolo y estamos en proceso de incorporación de la norma. Certificar implica un costo, y como todavía no tenemos ningún pedido de productos biodinámicos desde el exterior, no se justifica por el momento asumir el costo de la certificación. Pero como se está llevando la trazabilidad en forma biodinámica, no nos costaría mucho obtener el certificado.

-Ese tiempo tan acotado para la cosecha (horas, quizás) ¿limita los volúmenes a elaborar aplicando este principio?

-Efectivamente, no todos los vinos son biodinámicos en su totalidad porque hay momentos clave, no sólo para la cosecha, sino para cada una de las labores culturales que se realizan en el viñedo e inclusive en la bodega, durante el proceso de transformación de la uva en vino. De las más de 70 hectáreas que tenemos cultivadas, solamente 2 hectáreas en Maipú, 2 en Ugarteche y 2 en Junín se llevan 100% con prácticas biodinámicas, al igual que el proceso de elaboración. El resto se trabaja con la mayor cantidad de biodinámica posible.

-¿Cómo resuelven eventuales problemas sanitarios en el viñedo, si prescinden de productos químicos?

-Por un lado, tenemos la suerte que en Mendoza prácticamente no existen insectos que ataquen a la vid. Sí hay problemas con los hongos, para los cuales tenemos algunos preparados biológicos que se pueden aplicar. Pero siempre recordemos que si la vid está en un suelo vivo, en un suelo activo, y no está sobreexigida para que produzca más, está mucho más fuerte y menos expuesta a los ataques.

Si a eso sumamos que en Mendoza el régimen de lluvias sigue siendo muy limitado y que, normalmente, las condiciones de humedad no se prolongan por mucho tiempo, los hongos que pudieran comenzar a proliferar no encuentran muy frecuentemente un ambiente propicio para desarrollarse y tienden a desaparecer. Existen problemas, sí, en viñedos que están desequilibrados.

-¿Qué sucede con el manejo de malezas?

-No estoy de acuerdo con esa expresión. Prefiero hablar de hierbas. Maleza le llamó el que quiso vender herbicidas. Lo manejamos a través del arado. En el caso de la finca de Maipú trabajamos con el caballo, porque hay 1 metro 30 ó 1 metro 40 entre hileras; aquí no entra el tractor. Se va rotando la tierra con el arado de vertedera y esto permite mantener a raya la hierba y al mismo tiempo incorporarla al suelo como materia orgánica.

-¿Alguno de los vinos tiene madera?

-Sí, el Malbec roble que es parte de "Esencias de la Tierra", una línea que exportamos a Estados Unidos. Pero sólo tiene seis meses de madera, porque en Cecchin queremos que la vedette sea el vino y no la barrica; queremos un vino con sabor a madera y no madera con sabor a vino. Y el otro vino que tiene un toque de madera (está sólo tres meses en barricas nuevas de roble americano) es el Graciana.

-¿Qué capacidad de elaboración tiene la bodega?

-La capacidad total de la bodega es de un millón de litros. Lo que hacemos por año son 200.000 a 230.000 litros, porque necesitamos lugar para la guarda. Recién estamos sacando los vinos 2006. Está en guarda la cosecha 2007, la 2008 y ya prácticamente la 2009. Es preferible que tengan algún tiempo de guarda.

 Como no se incorpora ningún producto químico para redondear el vino, lo único que puede redondearlo, hacerlo agradable, es el tiempo. Y no por ser un vino 2006 deja de tener fruta y las demás cualidades de un vino de un año.

-¿A qué mercados llega la producción de la empresa?

-El 60% es mercado interno y a granel, inclusive para otras bodegas que producen vinos orgánicos. El 40% restante se divide entre mercado interno en botella y exportación en botella. Estábamos exportando muy poco a Chile, muy poco a Panamá; bastante cantidad a Estados Unidos; algo a Japón; algo a España y a Italia también. Pero ahora se han frenado mucho las ventas. Tenemos la esperanza que esto mejore. Ojalá que las exportaciones se reanuden.

-¿Se logra un precio diferencial por el producto orgánico?

-Personalmente creo que el orgánico -en el vino- no necesariamente tiene que ser más caro que el producto convencional. Porque estimo que el convencional está sobrevaluado. Por lo tanto, si bien la producción orgánica conlleva más trabajo, más riesgos... y supone menor producción, no es necesario, al menos en una empresa familiar, tener algún costo extra.

Mantenemos una relación precio-calidad que consideramos bien equilibrada.

Fuente: Esta nota fue publicada por el Suplemento Fincas, de Diario Los Andes.

 


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"No es necesario, al menos en una empresa familiar, tener costos extras por la producción de orgánicos".