02/10/2008

Plagas

Polilla exótica amenaza con atacar las vides locales

Se trata de una clase de insecto que podría llegar a nuestro país vía Chile. Es una plaga muy difundida en Europa que ataca a las bayas de la vid. Ya se han tomado medidas para los cargamentos de frutas comerciales, pero se teme que la plaga ingrese en frutas o material vegetal.

Ma. Soledad Gonzalez
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Los sistemas de control se han puesto en alerta ante la posible entrada a nuestro país de una polilla de nombre científico Lobesia Botrana, la cual afecta sensiblemente a los viñedos y que se encuentra alojada en Chile.

Consultado sobre el tema, el ingeniero agrónomo Pablo Gómez Riera, Subsecretario de Programación Económica y Gestión de la Calidad del Ministerio de Producción, Tecnología e Innovación dijo que ?esta semana hemos realizado una charla para concientizar a toda la cadena, no sólo al productor y al público en general sobre los problemas que puede llegar a acarrear esta plaga?.

Uno de los principales temores de las autoridades nacionales es el hecho de que esta enfermedad de la vid está presente en Europa, África y Asia, y no tiene precedentes en América Latina, excepto en Chile.

Hasta el momento en el país transandino se han detectado dos áreas contenidas con esta plaga, las cuales están siendo tratadas.
?Ya se han decretado medidas cuarentenarias, por lo que el SENASA tiene controladas las cargas comerciales que puedan llegar a significar peligro. No obstante, una de las principales amenazas que tenemos son el público en general que podría llegar a traer material vegetal o frutas contaminadas que ingresen la plaga al país?, advirtió Gómez Riera.

El jueves de esta semana se llevó a cabo una reunión en la Enoteca de Mendoza, a cargo de Alejandro Moreno de la Dirección de Cuarentena Vegetal del SENASA, quien se refirió a la biología de esta plaga, otros frutales hospederos y las medidas cuarentenarias que Argentina ha establecido para evitar la introducción.

Desde el INTA, la ingeniera agrónoma Violeta Becerra, del área de Fitofarmacia de la EEA Mendoza, indicó que ?cuando una plaga se instala, las generaciones varían de una zona a otra. Por lo tanto, hay que analizar, de acuerdo al cultivo, cómo la plaga se adapta y cómo se comporta. En términos promedio tiene un ciclo general, pero que cambia de acuerdo a la zona y allí es cuando tenemos que empezar a estudiar la bioecología?. ?Recién? -continuó la experta- con un estudio mínimo de dos o tres años uno puede determinar con exactitud de qué manera combatirla. Por supuesto, que en el medio uno va dando alternativas a los productores para que trabajen, pero es imprescindible realizar estudios?.

El caso chileno

Esta plaga no tiene origen en América, sino en Europa. Según informaron en el Diario Financiero de Chile, en la última cosecha la polilla del racimo causó pérdidas en la vid que alcanzaron entre el 20% y 30% en el país trasandino. La presencia de Lobesia Botrana se ha registrado principalmente en la Región Metropolitana y Región del Maule en Chile. Las autoridades locales han procedido a la cuarentena de estas zonas para controlar su creciente desarrollo.

Entre las medidas para atacar este problema en Chile se declaró el control obligatorio en todas las variedades de la especie vid. Se fijó una zona afectada sobre un radio de 5 kilómetros sobre cada punto de detección, entre otros.

?Datos que nos han suministrado desde Chile nos muestran que combatir esta plaga eleva los costos de laboreo por hectárea en vid, alrededor del 15%? sostuvo Gómez Riera.

¿Qué es la Lobesia Botrana?

Según un estudio de la Sociedad Española de Entomología Aplicada, ?la polilla del racimo, Lobesia Botrana, es una de las principales plagas del viñedo en el viejo mundo, especialmente extendida por Europa meridional, Norte de África y Próximo Oriente. En Europa se ha propagado especialmente a finales del siglo XIX y principios del XX, por lo que su adaptación a la vid ha de considerarse como relativamente reciente?.

Esta polilla es un microlepidóptero Tortricidae. La familia toma su nombre del latín ?tortus?, retorcido, aludiendo el comportamiento de la mayor parte de las orugas del taxón de plegar, contornear o torcer las hojas para constituirse un abrigo.

El adulto tiene unos 12 mm de envergadura y las alas de color marrón con diversos tonos claros y oscuros. La larva es de color verde, a veces marrón, con cabeza de color pardo. La pupa es de unos 5 mm, está protegida por un capullo sedoso de color blanco. Los huevos son amarillentos y aplastados, encontrándose de forma aislada sobre los frutos.

La polilla del racimo es una especie polivoltina que tiene dos generaciones en las regiones septentrionales de su área de repartición, pero en nuestras latitudes más meridionales, presenta normalmente un ciclo trivoltino.

El número de generaciones es modulado conjuntamente por la temperatura y el fotoperíodo, que actúan respectivamente sobre la velocidad de desarrollo y la inducción de la diapausa. Una fotofase entre 8 y 12 h, aplicada durante más de la mitad del estado larvario, induce en la oruga la diapausa, que se expresará en la crisálida, sin que la alimentación larvaria juegue al respecto.

En las latitudes de Europa meridional, la inducción ocurre normalmente a partir de la segunda quincena de agosto. Antes de este período crítico, la integral térmica acumulada previamente, determina el número de generaciones en un año dado.

Lobesia Botrana es capaz de desarrollarse sobre un gran número de especies vegetales agrestes y cultivadas, dada su extensa polifagia. En la revisión de BOVEY (1966) se señalan 15 especies a las que se asocia naturalmente. Entre las especies vegetales seleccionadas naturalmente para la puesta, merece mención especial el torvisco (Daphne gnidium L.) dado que ha sido propuesto como la posible planta huésped originaria de L. Botrana antes de la invasión de los viñedos, si bien existen opiniones encontradas al respecto.

Cuando la polilla se asocia a la vid, la primera generación daña las inflorescencias, la segunda las bayas verdes y la tercera las bayas en envero y maduración. Se ubica preferentemente bajo la corteza de las cepas, y en las grietas de los rodrigones cuando la vid se conduce en espaldera, en el interior de un capullo de textura más recia y consistente que cuando la crisálida es no diapausante.

María Soledad Gonzalez
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Fuente:
Esta nota fue publicada por el Suplemento Fincas, de Diario Los Andes.

Ma. Soledad Gonzalez
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